FORMULA GANADORA EN ÉPOCA DE CORONAVIRUS

Por Gilberto Limón Corbalá

Sin lugar a dudas, los acontecimientos actuales representados por el surgimiento de un nuevo virus considerado ya como una pandemia, han puesto a nuestra sociedad frente al espejo: cara a cara y no solo en el campo de la salud, sino en varios aspectos de la vida humana ante una amenaza latente que exige un cambio drástico al status quo y en consecuencia un llamado a la Acción para sacudir la conciencia colectiva, insisto: –En varios aspectos de la vida humana.

Pero, ¿Qué hay de la democracia? ¿Realmente nos lleva a elegir a los mejores gobernantes? ¿Acaso podemos decir que nos conduce al Estado Perfecto? En el caso de México en las últimas décadas los ciudadanos han transitado de un partido a otro, regresando al punto de inicio para finalmente voltear hacia la alternativa política actual, sin encontrar la solución a los problemas que aquejan a una sociedad tan compleja como los casi dos millones de kilómetros cuadrados que componen la superficie de este País.    

En este sentido, a lo largo de este artículo haré una retrospectiva de la radiografía del votante mexicano, poniendo énfasis en las circunstancias y/o sentimientos que han sido determinantes al momento de emitir su voto en los procesos electorales a la Presidencia de la República entre el año 2000 y hasta la última elección en 2018.

En primer término, incorporamos como variable todo lo referente a la IDEOLOGÍA, es decir el ciudadano común no se reconoce a sí mismo con una ideología política específica, mayormente se dice de centro por no entender bien a bien el significado de esta expresión; de tal suerte podemos acertar en la definición de que en México los tres principales partidos nacionales carecen de un posicionamiento definido ante ésta lógica de la geometría ideológica de izquierda o derecha. 
Ahora bien, en opinión personal considero que el hecho de votar o no por uno u otro partido, responde más bien a otro tipo de factores que apelan más a la costumbre que a una ideología específica: como sería el caso de la tradición familiar o de cualquier tipo de organización gremial. Veamos el cuadro 1, en el que 60% de los votantes manifiestan que siempre habían votado igual, al respecto pudiéramos pensar que es el “voto duro” de cada partido ¡hasta el 2018!
Entonces: ¿Qué factor resultó determinante en la decisión del voto para ese 40% restante? 

Si bien es cierto, para nuestro cerebro la razón y la emoción son inseparables y una y otra se complementan, pero en la mayoría de decisiones de la vida la emoción acaba imponiéndose a la razón, de ahí que el voto sea una de esas decisiones que –literalmente– salen del corazón sin pasar por la cabeza, quizás por eso del año 2000 al 2012, el 15% de los votantes decidieron su voto justo ¡Una semana antes de la Elección! 

Por lo anterior, podemos afirmar que LAS EMOCIONES juegan un papel importante al momento de decidir el voto, tanto que los discursos de hoy tienen menos contenido que antes, ya que se privilegia más el “escándalo mediático” que las propuestas para la solución de problemas, quizás esta sea una razón por la cual los ciudadanos hayan transitado de un partido a otro, sin encontrar solución a los problemas de una sociedad compleja y complicada, como señalaba al inicio de este artículo.

Asimismo, de manera categórica y siguiendo la ruta de las emociones, tenemos los SENTIMIENTOS DE CADA ELECCIÓN, los cuales ponen de manifiesto lo que está en juego en cada proceso electoral, es decir las razones sustantivas de acuerdo a la circunstancia, momento o coyuntura, que en términos de comunicación y mercadotecnia política sería el MENSAJE y el TIMMING; Un claro ejemplo es la elección presidencial del año 2000, la fecha fue un factor importante ya que en aquel entonces iniciaba el nuevo siglo, cargado de esperanza y renovación, en donde el candidato Vicente Fox se caracterizaba por ser un ranchero que usaba botas vaqueras con las que ofreció sacar a patadas a las tepocatas y víboras prietas que habitaron por más de 80 años en la residencia oficial de Los Pinos y que lo que lo convertía en un líder carismático, disruptivo que logró ganar la Presidencia de la República con un discurso sencillo y claro, pero fuerte, con un elemento avasallador –El Lenguaje– Donde por primera vez en la historia contemporánea de México, un candidato Presidencial hablaba de manera coloquial, como cualquier mexicano, sin palabras rimbombantes, ni ostentosas, lo que lo convertía en un candidato autentico y cada vez cercano a la gente. 

Por el contrario, no existe mayor ventaja que la de un candidato opositor, el ejemplo es la elección presidencial de 2006, en donde el entonces candidato Felipe Calderón Hinojosa, perteneciente al partido gobernante logra arribar a la candidatura en un entorno sumamente complicado con una aprobación presidencial baja y el desprestigio de su partido por falta de resultados de gobierno; Sin embargo, la única ventaja para Calderón fue NO SER EL FAVORITO del Presidente Fox en las internas de su partido, lo que le permite construir un mensaje desde la OPOSICIÓN, cargado de rebeldía marcando una rotunda diferenciación con el grupo gobernante, obteniendo así una base de legitimidad significativa aun siendo postulado por el partido en el Poder, para enfrentar a un candidato fuerte en las encuestas como Andrés Manuel López Obrador, quien meses atrás había desafiado a las instituciones por el desacato a una orden judicial.

De tal suerte, que López Obrador y Felipe Calderón se enfrentan en una campaña sumamente aguerrida representada por dos candidatos totalmente diferentes: AMLO (Un hombre maduro que viene de la lucha social que lo convertía en un rebelde hacía las instituciones y que fue señalado por Calderón como una amenaza para la democracia y el desarrollo económico estabilizador), mientras que Felipe Calderón se presentaba como la opción fresca con un discurso jovial encaminado hacía una apuesta de futuro que apuntaba hacía el México ganador, presentando un claro ejemplo de campaña de continuidad, aunque para ello tuvo que recurrir a un mensaje destructivo y aniquilador para López Obrador, equiparándolo con la peor amenaza y peligro que México pudiera enfrentar, ante la posibilidad de perder su patrimonio personal adquirido por una gran cantidad de Mexicanos que habían sido sujetos de crédito hipotecario.

Ahora bien, para 2012 México advirtió el regreso del PRI tras doce años de oposición a nivel federal con un País sumergido en una lucha fratricida en contra el narcotráfico y un incremento de la violencia; mientras que Enrique Peña Nieto: el candidato opositor joven, atractivo y carismático acompañado siempre de una esposa reconocida como parte del ambiente artístico, logra ganar de calle la Elección prometiendo cambiar por completo la estrategia de combate al crimen organizado y devolverle a México la Paz y la tranquilidad.  

En 2018, la historia no sería diferente nuevas promesas incumplidas en este caso debido a los altos niveles de corrupción gubernamental por parte del gobierno federal y que al igual fueron parte del malestar ciudadano y en consecuencia el elemento que alimentaba a un discurso de oposición, que ahora tocaba el turno para Andrés Manuel López Obrador, quien en su tercera campaña presidencial llegaba con una imagen de fortaleza e inmunidad ante los constantes ataques con un mensaje sencillo y muy necesario: Combate frontal a la corrupción, a través de la cuarta transformación de la vida pública de México.  

Sin embargo, el hecho de mantener una amplia ventaja en las encuestas provocó que la elección pronto se convirtiera en un mero plebiscito entre la ciudadanía: AMLO Presidente, SÍ o NO, lo que permitió al candidato presidencial trasferir su simpatía y empuje hacía los candidatos de su coalición a los diferentes puestos de elección, logrando una así una mayoría aplastante en las diferentes cámaras del Poder Legislativo.

Por último, podemos concluir que en estas cuatro elecciones existen elementos comunes: Por un lado tenemos que la ideología política nunca estuvo presente, y que en todos los casos el detonante fue un liderazgo fuerte y capaz de conectar a través de un mensaje claro y contundente, basado en las necesidades del momento, para que finalmente se pueda provocar una reacción emocional en los votantes y que estimule a la Acción. 
Gilberto M Limón C.

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