Ministros de culto sufren la otra pandemia

Por Oscar Moha/Eje Central

El pasado lunes en la tarde, dos jóvenes fueron asesinados en Chihuahua. Eran hijos del pastor evangélico Martín Bruno Escobar Ávila; David y Bruce trabajaban en la congregación con su papá, ahora ya no los verán más en las Iglesias y misiones que ellos dirigían en ese estado donde el narcotráfico y las bandas delincuencias dictan órdenes en todos los niveles a la par con el gobernador Javier Corral Jurado.

Los motivos quizá nunca se lleguen a saber. La muerte violenta de esto dos jóvenes le duelen no sólo a sus familiares y amigos, también le cala hondo a las Asambleas de Dios, denominación a la que pertenecía el Ministro de Culto; también a miles de evangélicos que se enteraron por los medios de este hecho criminal. La indiferencia del gremio pastoral puede transformarse en solidaridad nacional, pues no es un asunto religioso.

El pastor Bruno se había reunido en enero con la alcaldesa de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván, y con otros líderes religiosos para tratar temas de valores y familia. Estaba preocupado por los actos violentos en esa entidad: el involucramiento de jóvenes y adolescentes en el tráfico y consumo de drogas, el aumento de la violencia en las familias y la corrupción de policías con bandas de delincuentes. Su activismo era conocido en el Municipio chihuahuense y en ciudades fronterizas de Estados Unidos que visitaba frecuentemente en compañía de su esposa Josefina.

En septiembre de 2017, un grupo de pastores cristianos encabezados por Bruno Escobar en su calidad de Presidente de la Confraternidad Ministerial Evangélica de Chihuahua, realizaron una marcha derivada del movimiento nacional denominado “Por la Vida y la Familia”, cuyos integrantes en el país se caracterizan por abolir el matrimonio igualitario, la despenalización del aborto y la reglamentación del uso de drogas para fines lúdicos, entre otras cosas.

No son las primeras víctimas de Iglesias Evangélicas que mueren en actos violentos en esa entidad fronteriza. El 8 de junio de 2018, el también pastor Eduardo García Ruelas, de la Iglesia “Nueva Vida” en Ciudad Juárez, fue acribillado. Su hijo mayor, Abraham, había sido asesinado en octubre de 2009. Un año después, su hija Griselda fue secuestrada y él mismo tuvo que llevar a cabo las negociaciones para liberarla.

En este momento se conocen que por lo menos 11 Ministros de Culto están amenazados por bandas del narco en Estados del norte del país: Chihuahua, Sonora, Nuevo León, Tamaulipas y Veracruz. Les cobran “derecho de piso”, es decir, una cuota mensual que deben aportar si es que quieren seguir abriendo sus templos al culto público. Son escogidos por el nivel económico medio alto de quienes asisten a sus servicios religiosos. Las denuncias judiciales no se presentan por razones obvias, y en ocasiones porque ellos mismos señalan que las autoridades municipales y estatales están en complicidad con los delincuentes. Dos de los pastores ya han sufrido un secuestro exprés, como señal de advertencia para que hagan su “aportación”.

El pasado 26 de este mes, la Diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, denunció que uno de sus párrocos, Marcelo Pérez Pérez, fue amenazado de muerte vía telefónica presuntamente por miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación, exigiéndole que se “alineara”. También en la frontera sur del país varios sacerdotes y pastores que brindan ayuda humanitaria a migrantes han sufrido secuestros, despojos, amenazas y robos por parte de las bandas que operan en todo el país con sus bases de largo alcance en Tabasco, Veracruz y Quintana Roo.

Antes de que iniciara la Fase I de esta pandemia se tenía programada una reunión entre senadores, encabezados por el morenista Ricardo Monreal y pastores evangélicos, que entre otras cosas solicitarían la concesión de estaciones de radio para que fueran operadas por Iglesias y Ministros de Culto. Al parecer esto se modificó tanto en fecha como en agenda. Ahora los líderes religiosos replantearán sus propuestas y una de ellas será contar con una oficina especial donde se reciban las amenazas y otros actos delictivos en contra de Ministros de Culto que, por su función social, reciben por parte de los distintos carteles en el país, lo cual se hizo de manera informal a Enrique Peña Nieto, en una de las contadas juntas que tuvo con evangélicos durante su administración, pero que fue presidencialmente ignorada. Hoy, tienen un poco más de esperanza los pastores.

PALABRA DE HONOR: Miembros del gabinete presidencial están temerosos de dos cosas: ser contagiados de Covid-19, como lo fue la titular de la Función Pública… y de las declaraciones del diputado Porfirio Muñoz Ledo. Para la pandemia hay paliativo médico, para lo segundo no existe todavía quién le ponga mordaza al legislador.

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