El derecho a desobedecer órdenes injustas

Por Homero Aguirre Enríquez

“El derecho de rebelarte lo emplearás pase lo que pase"

Abdellatif Laâbi

Según el discurso del gobierno federal, hoy iniciamos el retorno a la “nueva normalidad”, la curva de infectados se aplanó milagrosamente y hemos dejado atrás la oscuridad de la pandemia. Pero todo eso es palabrería, es un castillo de arena que se destruye con las olas de la realidad; mentiras que se repiten sistemáticamente, acomodándolas conforme la terca realidad toca a la puerta; puro jarabe de pico, disfrazado de ciencia; un abominable abuso del poder mediático concentrado en la tribuna presidencial.

Durante meses, el subsecretario Hugo López-Gatell, un hombre que ha demostrado ser capaz de mentir despreocupadamente al son que le toque el Presidente, dijo que el “pico” de la epidemia lo tendríamos el 6 de mayo, que de ahí en adelante vendría un “aplanamiento” de la curva, es decir, una disminución progresiva del número de infectados y fallecidos. Pero engañó a los mexicanos: entre el 5 y 6 de mayo hubo un promedio de 2,112 nuevos contagiados, de acuerdo a las palabras del subsecretario esa sería la cumbre del contagio y de ahí debería reducirse paulatinamente el número; sin embargo, en vez de disminuir, esa cifra aumentó espectacularmente hasta llegar el día de ayer a 3,152 contagiados diarios, cifras que han colocado a México en el escaparate global de casos graves: octavo sitio a nivel mundial en defunciones, decimosexto en contagios; último lugar de la OCDE en aplicación de pruebas; nuestro país tiene la tasa más alta de letalidad de toda América Latina. Como remate, un reciente estudio elaborado por el físico Octavio Miramontes, del Instituto de Física de la UNAM, prevé el pico del contagio a finales de junio, con un total de contagiados que se acercará a un millón 260 mil, escenario calculado mediante un modelo epidemiológico alimentado con los datos oficiales proporcionados por el gobierno federal, pero sin aplicarles maquillaje.

El escenario es muy grave, no hay duda. Así lo confirman las declaraciones unificadas de siete gobernadores, que se armaron de valor y al unísono rechazan el reinicio de actividades, porque se busca hacerlos responsables de los contagios y los acontecimientos trágicos que se avecinan una vez que haya más gente circulando en las calles y centros de trabajo alentada por el anuncio de que ya terminó la etapa de la “sana distancia”; también confirman la extrema gravedad las palabras de algunos alcaldes, entre los que destacan los presidentes municipales antorchistas de Ixtapaluca y Chimalhuacán, que han tenido el valor de exhibir públicamente las cifras reales de contagiados y fallecidos en sus municipios, así como el desprecio del gobierno federal a la gente que padece la trágica realidad del hambre y del coronavirus.

Pero la respuesta del gobierno ha sido la que acostumbra: la reiteración de la consigna vacía de que “vamos bien” y el intento cotidiano de cambiar la conversación hacia otros temas debidamente adobados también con datos y análisis falsos, como el Tren Maya y las refinerías, que son algunas de las obsesiones favoritas del Presidente, maniobra en la que destaca el demencial anuncio de que López Obrador iniciará sus giras de proselitismo en un país pintado de rojo intenso por los crecientes contagios, giras que no tienen otro fin que contrarrestar el creciente desprestigio de su gobierno y quitarle reflectores al tema de la pandemia, como ocurrió ayer, cuando habló del clima y de “lo bien que marcha la recuperación de la economía”, mientras se acumulan las víctimas del coronavirus, se asoman por doquier los síntomas de la crisis económica y el país empieza a convulsionarse con escenarios que pueden desembocar en peores complicaciones para el pueblo de México.

No existe ninguna respuesta concreta al clamor de que se proteja la vida de los trabajadores de la salud, que cotidianamente se manifiestan y siguen enfermando junto con miles de sus pacientes, y se auxilie con alimentos o dinero a millones de familias sin empleo y sin ahorros, para que puedan permanecer otras semanas en sus hogares en lo que pasa el contagio galopante, a pesar de que el país se ha llenado de banderas blancas en miles de humildes casas, símbolo de que sus habitantes tienen hambre y reclaman ayuda urgente del gobierno federal. Al entrar a la nueva normalidad, millones de mexicanos desamparados, enfermos y hambrientos sólo parecen escuchar del gobierno aquella frase que Dante Alighieri imaginó inscrita a la entrada del Infierno: “Perded toda esperanza los que entrais”.

Pero enseguida, el mismo Dante agregó, como recomendación a los que se intimidan: “conviene abandonar aquí todo temor; conviene que aquí termine toda cobardía”. Y es lo que debemos hacer en nuestros días, el pueblo tiene derecho a no obedecer órdenes injustas, con mayor razón si le piden entregar su vida ciegamente y dejarse llevar al matadero para entregar lo más preciado que tenemos, que es la vida.

¿Qué debemos hacer, entonces? Seguir denunciando, en las redes y mediante movilizaciones simbólicas que no arriesguen la vida de los manifestantes, para que el gobierno federal, principal concentrador de los recursos públicos, proteja al personal de salud y a los enfermos; no desistir de la lucha popular por un plan de alimentación a familias sin trabajo y con hambre insoportable; resistirnos a reanudar las actividades laborales si no se garantiza nuestra seguridad y, sobre todo, sacar las conclusiones necesarias para organizarnos y evitar que nuestro país siga estando en manos de gente tan insensible y mentirosa.
En este sentido, reiteramos el llamado del Movimiento Antorchista a integrar una gran fuerza social, que explique a los mexicanos los cientos de datos que anticipan el fracaso de la 4T y su traición a los intereses populares que dice defender, los organice en una sola vertiente popular que se presente como opción electoral triunfadora, para colocar en la Cámara de Diputados a un grupo de personas ajenas a los farsantes políticos de la 4T, ponga un alto al poder casi dictatorial del Presidente y dirija la construcción de un país donde todos trabajemos, progresemos y tengamos bienestar.

 

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