¡Se salvan de milagro! Hermanos libran la horca en Malasia y regresan

Por Agencias

Los tres sinaloenses que habían sido condenados en Malasia regresaron a Sinaloa, donde fueron recibidos por familiares y amigos en casa de su madre, quien tenía 11 años esperándolos, luego de haber sido condenados por narcotráfico en aquel país.

Los hermanos Luis Alfonso, José Regino y Simón González Villareal fueron detenidos el 4 de marzo de 2008 dentro de un laboratorio de metanfetaminas en la ciudad de Johor Bahru, con unos 29 kilogramos de esa sustancia.

Luego de un largo proceso, los tres fueron condenados a morir en la horca, debido a que este delito es considerado grave en Malasia, la sentencia fue apelada por las autoridades mexicanas, pero la corte ratifico la sentencia.

Sin embargo y contra todos los pronósticos, el sultán Ibrahim Ismail Ibni Almarhum Sultan Iskandar Al-Haj les concedió el perdón el 20 de septiembre de 2018, cambiando la pena de muerte por 30 años de prisión.

Y de manera inesperada para los tres hermanos sinaloenses, el director del penal donde se encontraban fue personalmente hasta sus celdas para informarles que les habían concedido su libertad, que el Sultán nuevamente los había perdonado.

Luego de esa noticia abandonaron el penal y gracias a la Secretaria de Relaciones Exteriores viajaron inmediatamente a Japón, luego a Ciudad de México y Finalmente a Sinaloa, más de 40 horas de viaje para llegar en pleno Día de las Madres a Culiacán.

En casa de su madre, ubicada en la colonia Lomas de Rodriguera, un sector popular al norte de la ciudad, ya los esperaban familiares, amigos y una gran cantidad de vecinos, quienes les organizaron una cena para recibirlos.

La más contenta fue su madre, quien actualmente tiene 74 años de edad y que durante el proceso de sus hijos perdió ambas piernas producto de una enfermedad que amenazaba con quitarle la vida.

La señora Carmen Villareal fue a recibirlos personalmente al aeropuerto debido a que el embajador de México en Malasia le dijo que un regalo iba en camino, por lo que ella intuyó que se trataba de sus hijos.

Confiesa que estos 11 años se la pasó rezando, no se resignaba a que murieran en aquel país, y ahora cree que Dios le hizo el milagro de traerlos de vuelta.

" Se me hacía muy duro a mi todo eso, de que dijeran que les iban a dar la horca y yo pase rece y rece, pidiéndole a Dios que no les pasara nada, no porque sean mis hijos les decía, pero mis hijos son buenos, tú sabes Jesús cómo son ellos".

José Regino, quien ahora tiene 40 años de edad, desea rehacer su vida, hacerse cargo de sus responsabilidades como padre y cuidar a los suyos, ahora se considera una persona creyente y agradecida con quienes los ayudaron.

" No pues bien contento, la verdad que la gente aquí nos recibió, mucho gente vino a recibirnos, bien contentos, muchos amigos también que nos apoyaron mandando cartas aquí vinieron y nos recibieron”.

Durante estos años estuvieron en cinco prisiones distintas, donde les tocó ver que cumplieran condenas a muerte de otros compañeros, por lo que algunas veces se imaginaban que seguían ellos confesó Simón, de 44 años.

Después de la ejecución se les quitaba hasta el hambre, por lo que ahora que está de vuelta en Culiacán, valorará más su libertad.

"Quisiera hacer algo diferente a lo que hacía antes, mi trabajo es hacer ladrillos, todo el tiempo he hecho eso y quisiera hacer algo diferente, sé que a cualquier hora se puede empezar, a cualquier edad, también eso he aprendido”, expresó.

Quien acompañó todo el proceso de sus hermanos y fue la única que logró viajar a Malasia, fue su hermana Alejandrina, quien por algunos momentos se desanimaba, pero asegura que nunca perdió la esperanza de que regresarían a su casa.

"Pues la verdad fue muy cansados, muy estresante, no teníamos vida, vivíamos con la incertidumbre de saber que podían como no podían, pero igual tenemos mucha fe en Dios, y nos aferramos a esa fe, de que no iba a pasar, de que Dios los iba a perdonar", señaló.

Los hermanos González Villareal agradecieron al Embajador de México en Malasia Carlos Félix Corona y a la Secretaria de Relaciones Exteriores, pero especialmente al Sultán quien los perdonó dos veces, y solo así fue posible regresar a casa.

Por el momento desean pasar un tiempo a solas con su familia, reencontrarse con sus esposas y sus hijos, antes de saber qué harán de su vida, pero todos están convencidos de que aprovecharán la oportunidad que ahora tienen, arrepentidos de haber ido a Malasia.

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