ANTE LA URGENCIA DE LA VACUNA, URGE UNA SOCIEDAD MÁS JUSTA

Por Omar Carreón

¿Por qué habría de reducirse o siquiera estancarse el ataque del virus SarsCov-2 en México? ¿Qué medidas de mitigación y control se están tomando? No se está tomando ninguna medida. En pueblos y colonias la gente se enferma y, cuando mucho, se recluye, pero no se hace una prueba porque no hay un hospital oficial cercano que haga pruebas, porque, caso de tenerlo cerca, los hospitales sólo las hacen a los que presentan síntomas graves y los laboratorios privados son caros, en realidad, dígase lo que se diga y declárese lo que se declare, las pruebas de contagio de la enfermedad Covid-19, no están al alcance de la población y esa es la única medida efectiva para contener la epidemia, es decir, localizar oportunamente a los enfermos y aislarlos para así romper la cadena de contagios.

Pero esto no se está haciendo. El enfermo común y corriente, se da cuenta que está enfermo, o por intuición o porque presenta síntomas graves, y esto sucede cuando ya convivió varios días con su familia, ya salió a trabajar y se movió en transporte público y ya estuvo muchas horas muy cerca de sus compañeros de trabajo durante muchos días, ya fue, sin quererlo, una activa y potente fuente de contagio. Esta es nuestra vida diaria durante la pandemia. ¿Entonces qué? ¿Cuál es el tratamiento que el régimen de la Cuarta transformación ha diseñado para los mexicanos para que se defiendan y salgan del peligro? Ninguno, ya lo dije. El gobierno federal, el encargado oficialmente de velar por la salud de los mexicanos está esperando que llegue la llamada “Inmunidad de rebaño” que consiste en que se contagie mucha gente, para que una vez contagiada y restablecida, desarrolle defensas en contra de la enfermedad y cuando entre en relación con un enfermo ya no se contagie, la idea es que el ser humano con anticuerpos funcione como una barrera natural a la diseminación de la enfermedad. El rebaño se protege solo. Nada más que para llegar a tener mucha gente resistente a la enfermedad, tendrán que haber muerto muchos millones de mexicanos. La selección de los más fuertes que aplicaron los nazis en la Alemania de la Segunda Guerra mundial.

Esta es nuestra realidad. ¿Qué otra esperanza tenemos? Que se desarrolle una vacuna, una substancia que, inoculada el organismo en dosis inofensivas, provoque la generación de anticuerpos que protejan al individuo de un ataque real del agresivo virus. Pero, desgraciadamente, la educación en México tiene muchos años de ser de muy mala calidad, no se han formado y no se están formando con el gobierno de la 4T los investigadores de alto nivel que se hagan cargo de descubrir nuevas medicinas para el bienestar del hombre, tampoco se ha invertido ni se está invirtiendo en modernos laboratorios en los que se trabaje para encontrar esas vacunas, nuestro país, a pesar de contar con grandes inteligencias y talentos, está científicamente atrasado y la política en materia de ciencia e investigación de la 4T, lo está condenando a empeorar. No tenemos ninguna esperanza de que esa vacuna se desarrolle en México en los próximos meses y tal vez ni siquiera en los próximos años. 

El pueblo de México tiene que saber que actualmente no hay una sola iniciativa de vacuna entre los 123 proyectos de desarrollo tecnológico e innovación seleccionados por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología para recibir financiamiento este año. En efecto, uno de los aspectos principales en los que se maniefiesta el atraso y la postración de nuestro país, es en el desarrollo de la ciencia y la tecnología, un país que no hace ciencia y no tiene tecnología propia, que todo lo tiene que comprar en el extranjero, no puede ser un país verdaderamente independiente. Eso, no se va a lograr ni en el hipotético y remoto caso de que se lograra cumplir con el programa máximo de la 4T que como bien se sabe consiste en combatir y acabar con la corrupción ya que un Estado barato y honrado puede corresponder a un país atrasado y dependiente.

Ahora bien, una vez más, y como en otros casos, el exiguo remedio a nuestros problemas tendrá que venir del extranjero. Nuestras esperanzas están fincadas en que otros países más avanzados nos vendan vacunas oportunamente en calidad y cantidad suficientes. Una buena posibilidad es la vacuna que se ha desarrollado en Rusia que, a pesar de que, como todo lo que representa una competencia a los negocios de los inmensos monopolios imperialistas, se le ha enderezado una intensa campaña de desprestigio, la vacuna rusa está ahí y marcha firme hacia su fabricaión y distribución masiva. 

Una de las revistas científicas más respetables en el mundo en el campo de la medicina, The Lancet, acaba de publicar los resultados de los ensayos clínicos de la I y II fase de la vacuna rusa llamada Sputnik V en honor al primer satélite lanzado al espacio por la Unión Soviética, nombre al que se le ha añadido la “V” de victoria por ser el primer país cuyos científicos y laboratorios han logrado la ansiada vacuna contra el virus SARS-Cov2. Para rabia de los monopolios del mundo occidental, como Astra-Zeneca que apenas acaba de suspender las pruebas de su propia vacuna porque un paciente presentó efectos secundarios muy preocupantes, los desarrolladores de la vacuna rusa aseguran en The Lancet que el 100 % de los participantes en los que se está experimentando la suya, tuvo una respuesta inmunitaria  estable durante las fases 1 y 2 de los ensayos. China, por su parte, otros país cuyos avances causan urticaria al imperialismo, ya ha administrado exitosamente al menos dos vacunas experimentales contra Covid-19 en cientos de miles de personas.

El descubrimiento y la distribución de la nueva vacuna o más bien dicho de las nuevas vacunas, implicaría, en una situación ideal, que se atendiera primero a los que más necesitan de ella, esto es, al personal que trabaja en los sistemas de salud que, como cualquiera comprende, se encuentra en la primera línea del combate a la pandemia, en segundo lugar a los ciudadanos de edad avanzada junto con todos aquellos que presentan lo que se llama comorbilidades, padecimientos como la diabetes que hacen especialmente vulnerable al que se contagia del virus SarsCov-2 y, después, a todos los que habitan en zonas que presentan focos de infección especialmente graves. Pero no será así. En este delicado caso, como todos los que enfrenta la humanidad en estos tiempos, su majestad la mercancía se impondrá en todo el mundo y la gran mayoría de las vacunas que harán acto de aparición, sobre todo las producidas por los grandes laboratorios anglosajones, serán mercancías, las comprará el que tenga dinero para pagarlas. Ya se sabe incluso que los países más ricos del mundo están adelantando dinero para comprarlas, el Reino Unido, por ejmplo, ya apartó 300 millones de vacunas, el equivalente a cinco dosis por habitante, Estados Unidos 800 millones y Canadá 114 millones de dosis. Ahora, en tiempos de la pandemia y de las vacunas para detenerla, se hace presente la injusta distribución de la riqueza que priva en el mundo y, por tanto, la injusta distribución de la salud. Urge una sociedad más justa.


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