Un acontecimiento político inédito…

Por Luis Miguel López Alanís

 

…tuvo lugar en Hermosillo, Sonora, este 7 de octubre: nunca antes en esta entidad una misma manifestación había abarcado a dos palacios de gobierno —y menos de origen partidario diferente—, con las mismas denuncias por la misma causa: sus reiterados incumplimientos. Cientos de inconformes, para realizar su mitin, formaron una única, enorme y nutrida valla que se extendió a todo lo ancho de la plaza Zaragoza para exigir al mismo tiempo, tanto al Gobierno del Estado, encabezado por Claudia Pavlovich Arellano (PRI), como al Gobierno Municipal de Hermosillo, a cargo de Célida López Cárdenas (Morena) que ya no mientan, que cumplan sus compromisos y honren su palabra empeñada con el pueblo humilde organizado como Antorcha. Era gente del pueblo, reclamando en el mismo momento con un solo mitin a dos gobiernos que la historia ha igualado y los ha opuesto a él. En lo referente a no solucionar los problemas de los vecinos más humildes, los hechos de estos gobiernos dispares —o mejor dicho sus omisiones y engaños— a fin de cuentas resultan ser la misma causa que atrae el coraje popular. A la hora de verdaderamente resolver los problemas del pueblo, ambas administraciones han demostrado vergonzosamente que no hay diferencia entre ellas: no resuelven y usan los mismos argumentos para justificarse.

 

El inusual acontecimiento significa para Sonora un nivel diferente y superior de la lucha política que anticipa lo que sucederá con distintas intensidades por todos lados, tarde o temprano, localmente y en el país, y concluye lo que ha sucedido durante toda la pandemia en esta entidad: de este lado, el pueblo humilde estuvo solo, abandonado a sus propias fuerzas; cuando más hambre padeció no hubo apoyo alimentario real, ni hay todavía, ni de un gobierno ni del otro: el interminable carrete del hambre los igualó; cuando más desamparado se sintió el sonorense común, sencillo, inesperadamente desempleado, recluido en su casa sin salario y hambriento, los escasos apoyos alimentarios de ambos gobiernos fueron la misma burla cruel, y todavía lo son. Cuando debieron ser millones las despensas distribuidas, los dos gobiernos se volvieron ojo de hormiga, se escabulleron de sus compromisos con los más ruines argumentos de sus funcionarios: asómese usted a nuestras páginas electrónicas en el periodo aludido para verificar la impresionante cantidad de denuncias populares en ese sentido: las mismas artimañas los pintaron del mismo color. Los pocos alimentos que repartieron los hicieron aparecer como muchos gracias a su propaganda, igualita, confundible, pero el pueblo pobre no se alimenta de las poses fotográficas ni de uno ni de otro: la misma vanidad de cada cual los pintó iguales. Durante toda la pandemia escasearon y siguen escaseando las medicinas, aumentaron de precio ante la indolencia gubernamental generalizada y sus apoyos fueron ¡tan pequeñitos en ambos casos!

 

Durante toda la pandemia ambos por igual dejaron de construir las obras que comprometieron: aulas, pavimentaciones, sistemas de drenaje y de agua potable, infraestructura eléctrica, deportiva, recreativa, etc. Durante la pandemia ambos echaron por la borda sus compromisos, abandonaron a maestros sin pagarles —de hecho explotándolos— ni asegurarles su futuro, ni siquiera inmediato, igual que abandonaron a su suerte a miles de trabajadores de la salud sin insumos (las mismas malas artes propagandísticas se repitieron aquí) e igualmente expusieron al pueblo sonorense que, oprobiosamente, tiene un promedio de 9 muertos por cada cien contagiados de Covid-19 cuando el promedio mundial es de 3. De este lado de la plaza los burlados; del otro los burladores, dos, diferentes, pero en realidad lo mismo, ¡dialéctica implacable que azota con furia sin piedad a quienes quieren burlarla! De este lado, cientos que representan los mismos intereses de miles igualmente humildes, las mismas aspiraciones y necesidades de millones igualmente sufrientes; del otro… ya sabe usted quiénes. Esta es una división que existe independientemente de que se quiera o no; no son las organizaciones populares las que dividen: la realidad misma está dividida, es así y cada vez es más clara, más visible para las masas populares.

 

La manifestación del 7 de octubre tiene la virtud de haber sido la primera expresión moderna de este nuevo nivel de la lucha política, realizada en Sonora por el pueblo organizado, lucha que algún día deberá alcanzar niveles insospechados. No se trató de ningún acto desesperado, de una insensatez política o de una fantoche muestra de músculo, sino una medida táctica tomada al iniciar el mitin por los dirigentes antorchistas de Sonora, que fue posible sólo porque los gobiernos diferentes se habían manifestado como lo mismo y era lo que se les reclamaba: no tenía ningún caso hacer dos mítines diferentes para exigir lo mismo a cien metros de distancia uno del otro, se imponía ser práctico, aprovechar el tiempo. Esta similitud gubernamental no es ningún descubrimiento, pues la sociología moderna ha estudiado el desarrollo de las clases sociales y su Estado respectivo desde hace muchas décadas. Lo notable es que se dieron ya las condiciones para que sucediera lo inédito frente a dos gobiernos que son vecinos físicamente, 1) que su comportamiento políticamente igual ante los humildes pudiera ser perceptible por éstos y 2) que existiera una organización popular que defiende firmemente y con honestidad sus intereses, y lo suficientemente desarrollada para poder emprender esta primera manifestación incipiente de un nivel político superior, tan inevitable como la existencia de ricos y pobres.

 

El desarrollo de los acontecimientos de ese día puso a cada quien en su lugar, imperceptiblemente para muchos: de repente, la unidad de la valla una vez formada iluminó como una antorcha en la oscuridad el entendimiento de todos los manifestantes: la simple ubicación espacial de repente les mostró que acá estaban ellos, allá los otros; iguales los de aquí, iguales entre sí los de allá; las necesidades apremiantes, la miseria, los sufrimientos injustos, el olvido y el abandono aquí, allá los poderosos que hablan distinto pero actúan igual. Conciencia de clase, una gota, un atisbo si se quiere… se asomó y su presencia ubicua y fortificante se enseñoreó de las voces populares que se transformaron, se potenciaron: fue admirable la persistencia y el eco de las consignas gritadas por la muchedumbre entusiasmada —al final del mitin, pero sólo entonces, la masa sí se desplazó hacia el Ayuntamiento para apoyar a la comisión que sería recibida—. Claro, ayudó que el aire no estaba tan caliente como estaría unas horas más tarde, cuando llegaría a 41 grados. Todo se conjuntó.

 

Para quien analice con cuidado y rigurosidad este acontecimiento, el 7 de octubre en Hermosillo demostró palmariamente que los manifestantes no actuaron por compromiso ni con uno ni con otro gobierno, ni se manifestaron por encargo de uno contra el otro; que tienen independencia política de ambos y que eso sólo es posible si tienen y han tenido históricamente independencia económica también de ambos, es decir, si no están comprados. Que es imposible que los compren porque los antorchistas ni están a la venta ni se han vendido nunca, y que esto se comprueba y desprende de su trayectoria a lo largo de más de cuatro décadas, en la que se han conducido limpiamente ante ocho sexenios de gobiernos que, a fin de cuentas, han empobrecido más entre todos a esta patria nuestra, a pesar de sus diferentes colores.

 

Es imposible predecir qué rumbos tomará en concreto este nuevo nivel de la lucha política en Sonora, pero los trabajadores y obreros, los campesinos y jornaleros, estudiantes revolucionarios y los colonos, intelectuales, profesionistas y todos los empresarios patriotas y honestos deben notar que ya empezó, que ya tuvo, aunque incipiente, su primera presencia en tierra sonorense, y que no pueden dejarla ir como si nada. Ha tocado a los antorchistas ser los pioneros, sus humildes miembros han dado la clarinada de esta nueva etapa de la historia de Sonora. Seguramente tendrá altibajos, quizá incluso parezca desaparecida por momentos, pero la experiencia de las organizaciones revolucionarias populares ya no puede ser engañada una vez más. La propia realidad, como siempre, se ha encargado de poner en manos del pueblo sonorense un instrumento más para su liberación y para rescatar en lo inmediato su amenazado estado de derecho y su deber es tomarlo conscientemente, ya no dejar ese nuevo nivel, desarrollarlo y fortalecerlo. Ante la persecución política, ante la difamación a hombres y mujeres por igual y la mentira oficiales, la fabricación de delitos, las agresiones a la prensa, los recortes presupuestales criminales, ante el uso faccioso y electorero del presupuesto nacional, ante la pretensión de la 4T de imponer una dictadura en la patria, urge que todos formemos de este lado de la plaza.

Hermosillo, Sonora, a 9 de octubre de 2020

P.S. Lo invito a ver las galerías fotográficas que dan cuenta de este acontecimiento en https://bit.ly/2SAutGz y en https://bit.ly/3dao0M9 y a leer esas notas para obtener más detalles.

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