Poca oferta política para las elecciones de junio en Sonora

Por Bernardino Domínguez Cruz

Los pendientes históricos en obras y servicios básicos que los múltiples candidatos tienen con la mayoría de la población, una vez que se transformen en funcionarios de los distintos niveles de gobierno, es asombroso, es vasto y vergonzoso, tan grande como lo que se puede divisar en cualquier colonia, ejido o comunidad en todo Sonora. ¿Cuál es la fórmula mágica que ahora traen los precandidatos para cambiar de raíz las viejas y podridas formas de ejercer el poder gubernamental, para ahora sí sacar del atraso y rezago y desigualdad social a nuestro estado? Hasta ahora vemos lo mismo trillado de siempre, con los políticos siempre, será que en las próximas semanas las nuevas formas las darán a conocer. Hay que esperarlas, por el contrario, debemos actuar como ciudadanos, no podemos quedarnos en la simple contemplación.

Las turbulencias de precampañas para las gubernaturas han iniciado y próximamente iniciarán las de las diputaciones federales, con sus recorridos, entrevistas, conferencias, por todo el estado, con la finalidad de atrapar y convencer al electorado de que cada quien es la mejor opción como candidato a gobernante. Hasta ahora no hemos visto nada nuevo en comparación a las precampañas anteriores, tampoco nuevos políticos —será porque los sonorenses le apostamos a la experiencia— y en los diferentes escenarios escuchamos los mismos discursos con las mismas propuestas, basadas en las mismas necesidades, porque esas no han cambiado, al contrario, se han agudizado en las colonias ejidos y barrios (desempleo, inseguridad, bajos salarios, falta de obra social, rezago educativo, falta de cobertura en salud y desigualdad social, etc.), justificándose cada cual que no puede hacer campañas diferentes obligados por las medidas sanitarias de la Covid-19. ¿Será? Pero por qué ahora les deberíamos creer a los precandidatos que van a hacer mejor las cosas y para todos, si son los mismos políticos que durante años en su ejercicio de funcionarios, poco o muy poco hicieron para cambiar lo que podían cambiar y no quisieron o no pudieron. Este cuestionamiento es para todos los aspirantes, no se necesita llegar a altos cargos públicos para mostrar y demostrar que somos diferentes, entonces ¿por qué en su carrera política como ex presidentes municipales, secretarios de Estado, legisladores, dejaron poca huella? Los ciudadanos tenemos el derecho a preguntarnos eso y más.

Las grandes dificultades con las que se están enfrentando los candidatos con mayor puntaje son el golpeteo que hasta ahora sigue por la pandemia, la decepción de la ciudadanía de los que como candidato en campañas anteriores prometieron pero como gobernantes no cumplieron, el abandono gubernamental a la ciudadanía durante la contingencia sanitaria y que continúa hasta ahora, la desigual inversión en infraestructura básica en zonas urbanas y rurales, el raquítico apoyo al sector productivo de la micro empresa, la mala distribución del gasto público, dejando fuera de los sectores vulnerables, etc. Pero desde ahora se ve que los electores sólo tendremos de dos sopas o votar por los mismos o votar por los mismos de siempre, no hay ningún personaje nuevo, ni propuestas nuevas ni compromisos nuevos; por tanto, la única opción que nos dejan es votar por el menos malo. Pero ello exige a los electores escuchar, observar y en su debido momento decidir, no por lo que digan los candidatos sino por sus obras que han realizado durante toda su carrera política. Vamos juzgando y evaluando a los precandidatos por sus obras, porque por ellas los conoceremos y sólo así decidiremos.

Hasta ahora escuchamos propuestas de trabajo de los precandidatos que dicen beneficiar a los electores, pero son generales, ambiguas y contradictorias, nada convincente ni claro, a no ser que sean empleados o porristas del candidato para sentirse enamorados y defensores a ciegas de esas grises propuestas. Esperemos, electores, aún no es tiempo de decidir, el proceso ya llegará a su madurez y entonces decidiremos, con el propósito de no volver a fracasar, porque el acierto y error le ha costado muy caro a los mexicanos. Varias lecciones debemos aprender y no olvidar como ciudadanos que tomaremos partido en las próximas elecciones; no podemos ser incrédulos, pero tampoco ingenuos, creyendo que sólo por cambiar de partido o candidato, aun siendo de los mismos, cambiarán las cosas por arte de magia de la noche a la mañana, no sucederá eso ni ahora ni nunca, para ello se requiere una participación activa de las mayorías.

El país, con modelo de democracia de Occidente, hoy se resquebraja, mostrando claros síntomas de decadencia y putrefacción; nuestro sistema político mexicano está padeciendo los mismos síntomas, creo que sería muy riesgoso en este momento dejarnos arrastrar y los encargados de siempre de manejar la democracia son los responsables de este desastre. Por ahora bastaría que nuestros políticos fueran más realistas y congruentes entre lo que prometen y lo que hacen, para no dar un traspié. Por el momento, hay que darles tiempo a nuestros precandidatos, estamos en el amanecer de este proceso electoral.

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