La Quinta Ola y la decadencia

Por Luis M López Alanis

La medicina preventiva nació en el año 1796, cuando Edward Jenner inventó la primera vacuna contra la viruela. Este hecho constituyó un gran avance para la medicina preventiva y un método de defensa frente a una larga lista de enfermedades contagiosas con gran repercusión en la salud de la población. Se puede decir que la situación epidemiológica del mundo ha cambiado paralelamente a la incorporación de vacunas. Los programas sistemáticos de vacunación han permitido, por ejemplo, la erradicación de la viruela, la interrupción de la transmisión de la polio en gran parte del mundo y en gran parte también del sarampión en el hemisferio occidental con una disminución de más del 95% así como el control de enfermedades como el tétanos, la difteria, la rubeola o la influenza, entre otras. Progresivamente, la mayor eficacia y seguridad vacunal han mejorado la prevención de distintas enfermedades infecciosas que afectan a la salud de la población sobre todo la infantil y provocan gran morbilidad, mortalidad y secuelas (datos tomados de index-f.com/lascasas/documentos/lc0894.pdf). 

Pero el uso racional y humanista de la medicina preventiva tuvo que imponerse en el mundo dando una batalla ideológica contra los prejuicios y contra los intereses económicos de ciertos sectores que se beneficiaban de las enfermedades contagiosas. Por ejemplo, en Estados Unidos se encuentra The Anti-Vaccination Society of America fundada en 1879, donde muchos líderes y organizadores eran médicos naturalistas. También sucedió algo similar en Inglaterra y Gales, con el nombre The Anti-Compulsory Vaccination League en 1867 y en Holanda surgió en 1881 el el Bond ter Bestrijding van Vaccinedwang (Asociación en contra de la Vacunación Obligatoria). Todas ellas lidereadas y organizadas por médicos naturistas a quienes la vacunación y la medicina preventiva científica afectaban sus ingresos económicos.

A pesar de los evidentes progresos en la lucha mundial contra las muertes causadas por las infecciones y contagios de terribles enfermedades en estos 230 años, y de la experiencia acumulada por la humanidad en estos combates, los argumentos anti vacunas y anti medicina preventiva persisten, como el que afirma que las vacunas disminuyen en la humanidad la seguridad y la eficacia — como afirmar que contienen venenos, causan enfermedades de origen desconocido, erosionan la inmunidad, etc; que la medicina alternativa es superior a la vacunación (por ejemplo, la homeopatía) y '' enfoques naturales" que claman en la ciencia por la libertad de “criticar” sus fundamentos y reclaman espacios públicos para opinar en su contra. Están también las oscuras teorías de la conspiración, a las que ayuda enormemente la industria cinematográfica de ficción que prepara ideológicamente el camino para la aceptación mental masiva de estos argumentos. Finalmente hay argumentos que pertenecen al área de la moral y la religión: “la vacunación está en contra de la voluntad de Dios”, entendido como el Dios que arrasó Sodoma y Gomorra, es decir, un dios justiciero y matón, no propiamente uno lleno de bondad, que hace hasta la último para salvar vidas.

La inversión económica en la vacunación y la ejecución masiva de medidas preventivas sanitarias e higiénicas en muchos países respondió en su momento al desarrollo impetuoso del capitalismo a fin de que contara con trabajadores mínimamente sanos que garantizaran la continuación de la producción como lo requiriere la generación de ganancia; la seguridad “social” significaba, en realidad, la seguridad de contar con trabajadores aptos, así como disponer a voluntad  de una reserva de mano de obra también mínimamente sana para sustituir trabajadores, fuera por razones naturales o por razones políticas. También respondió dicho gasto social al exitoso objetivo del New Deal imperialista de mediatizar a las clases trabajadoras del mundo para evitar que se adhirieran a las tendencias ideológicas socialistas.

Sin embargo, no se había llegado en el desarrollo humano a los niveles de hoy, cuando toda la clase burguesa del mundo, liderada por los imperialistas de E.E.U.U y la OTAN, han decidido —unilateralmente porque se sienten dueños del mundo— que ya fue suficiente el gasto social, que por muchos que mueran a consecuencia de la Covid-19, “la inmunidad de rebaño” les garantizará a sus industrias y negocios seguir teniendo suficiente rebaño de trabajadores explotables. Hoy, pues, prácticamente han cerrado todos los programas sociales preventivos importantes en países como los propios Estados Unidos y México y no ha habido una protesta masiva porque la guerra ideológica que desplegó contra la ciencia y la prevención científica fue exitosa: desarmó a los pueblos mentalmente, para poder imponer sin gran violencia su interés de reducir gastos sociales destinados a la clase trabajadora.

Así se explica que arribemos en Sonora al reconocimiento de que estamos en una quinta ola de COVID-19, “pero no tan grave”, y se llegue al absurdo (para la medicina preventiva) de quitar masivamente la obligatoriedad de usar el cubrebocas y se acepte sin chistar la medida por la clase trabajadora mediatizada.

Para imponer esta forma de pensar, las propias clases dominantes del mundo han tenido que promover y naturalizar entre los suyos estos puntos de vista, aceptándolos también a pie juntillas. Quienes nos gobiernan, como si se tratara de lo más natural del mundo, han echado al bote de la basura más de dos siglos de experiencia científica y se comportan como totalmente irresponsables en lo que a prevención médica se refiere. Así tenemos que se cumplen ya nueve meses de la promesa de Obrador de echar a andar el ya construido nuevo hospital regional de Hermosillo, promesa incumplida como tantas otras, justo como la de que este 24 de junio se echaría a andar la línea 12 del Metro; quienes nos gobiernan aceptan “carecer” de estructura humana para atender a la población sonorense, pero sí aprueban el desuso obligatorio del cubrebocas. 

Ya no son aquellos burgueses doctos y sabios de antaño los que gobiernan y deciden, sino gobernantes que pretenden hacernos creer que su desfachatez, improvisación e ignorancia son virtudes que debemos respetar. Eso es falso. Esta política muestra sin género de duda la decadencia de quienes nos gobiernan —de la que Morena es el mejor y más lastimero ejemplo—, que responde perfectamente a los intereses de crear mejores condiciones para la generación de ganancias capitalistas a como dé lugar. No nos equivoquemos, no es sólo incapacidad, puntadas y ocurrencias, es la forma a la que ha evolucionado su mezquino interés de clase, al que conviene que, si alguien llegara a protestar, mejor que proteste contra o a favor del aborto, al fin que ese tema no daña los presupuestos ni su plusvalía.

Urge que la clase trabajadora tome en sus manos su destino. Sólo muerte, enfermedades y graves secuelas de ellas puede esperar de este rapaz modelo neoliberal y de los imperialistas que lo conducen. Hay que organizarse y luchar sin pérdida de tiempo por los cuatro ejes de transformación que propone Antorcha para México.

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