Las profundas implicaciones de un torneo de básquetbol

Por Luis M López Alanis

Creo que pocas personas ubican con tanta certeza y acierto los beneficios del deporte en el desarrollo de los pueblos como los líderes antorchistas. Son auténticos maestros de millones de mexicanos a quienes han enseñado, con cariño y dedicación, una forma diferente y superior de comprender la realidad, en particular nuestra pésima realidad deportiva nacional y, sobre todo, enseñan la forma más racional y posible de transformarla, para corregirla, para humanizarla.

Quien escucha sus discursos, conferencias o lee sus artículos y opiniones inevitablemente se siente iluminado por esas argumentaciones esclarecedoras, cuyo destino principal es la mente del más humilde, de más pobre y olvidado trabajador, para darle confianza en sus propias fuerzas, en su poder colectivo y elevarlo a las más altas aspiraciones que jamás haya tenido la humanidad entera.

Dirá usted que, puesto que soy antorchista, me expreso así de mis compañeros por obligación. Pues ciertamente me he sentido siempre obligado a reconocer la superioridad espiritual de mis líderes y los sigo política e ideológicamente y formo parte de sus filas precisamente por eso. Soy orgullosamente antorchista y aquí, en su seno, he aprendido a no ser seguidista, a no obrar con mente sumisa: a mí sí me ha iluminado Antorcha, me ha enseñado el camino de mi liberación verdadera, me ha enseñado a combatir eficazmente toda forma de manipulación contra mí y contra mi pueblo, a cómo construir la posibilidad de acabar con la enajenación de los hombres, a entender que un mundo diferente y justo sí es posible, y estas palabras, más que una vulgar adulación, sólo reconocen lo que cientos de miles sentimos por nuestros dirigentes.

Son muchos y muy variados los campos culturales, políticos e ideológicos en los que mis concepciones se han transformado gracias a Antorcha. Es asombroso el caudal de pensamientos profundos que han producido y acumulado mis dirigentes a estas alturas, y que se hacen arma de transformación en la práctica consecuente de ellos mismos y de mis compañeros, como los relativos al deporte precisamente.

Por ello, para invitar a usted a saber más de nuestro XIV Torneo Nacional de Básquetbol — Morelia, 26 y 27 del presente—, para que usted se acerque a comprender las profundas implicaciones de lo que este torneo significa, no he hallado mejor forma que citar al Ingeniero Omar Carreón Abud, en uno de sus escritos con motivo precisamente de este deporte. Se trata del artículo titulado “Antorcha es deporte y música de concierto”, publicado, entre otros medios, en la revista buzos el 19 de septiembre de 2016. Espero que usted me perdone la longitud de la cita, pero confío en que, conmigo, lo hallará imprescindible.

“Antorcha es deporte y música de concierto”

“O sea, Antorcha es cultura. ¿Qué partido u organización política puede hacer esa afirmación tan paladina y contundentemente? Ninguna, señor. El deporte es, en el sentido más amplio de la palabra, cultura, es parte de los conocimientos y de la forma de vivir que millones de años de trabajo social le han dejado al ser humano. La mesa es cultura, la cuchara es cultura, el baño diario, los libros y la computadora son cultura, y es cultura una forma específica de moverse, de tensar las capacidades físicas y probar la precisión de las acciones, así como comparar las habilidades individuales y colectivas con los semejantes, es cultura, pues, el deporte en todas sus abundantes y variadas formas. Antorcha lo sabe y lucha por rescatarlo para la humanidad entera, pues las clases dominantes contemporáneas lo han secuestrado para su disfrute exclusivo y lo han confinado a servir para la obtención de la ganancia máxima.

“El deporte organizado y constante construye al hombre íntegro. Quizá por eso precisamente ya no forma parte de la educación pública en México. En medio del debate y hasta pleito por la reforma educativa, se cuestiona la pertinencia y la justicia del examen de capacidad de los maestros pero, entre otras actividades educativas básicas, nadie parece acordarse de las inmensas posibilidades formativas del deporte, nadie propone canchas grandes y modernas para todas las escuelas, nadie entrenadores capacitados y entregados, nadie uniformes y equipos ni campeonatos ni giras ni nada, los niños que cursan la educación primaria, si no es que muchas otras generaciones más, crecerán sin haber practicado –como no sea la cascarita callejera, el deporte organizado y constante.

“El deporte modela el cuerpo, afina y armoniza los movimientos, endurece los músculos, disciplina, enseña a trabajar en equipo, a enfrentar problemas y resistir golpes, el deporte fomenta la autoestima y el amor propio, el deporte enseña a ganar. El deporte es escuela para la vida. Por todo ello, para fomentarlo, para enseñar a quererlo, para difundirlo, al mismo tiempo que la lucha para ayudar a resolver las necesidades básicas de la población como agua potable, drenaje, energía eléctrica, lotes para vivienda … Antorcha lucha por y para el deporte. Organiza las Espartaqueadas nacionales y, cuando los encuentros desbordan las capacidades de las instalaciones y de tiempo de los competidores, se organizan encuentros nacionales de volibol y de basquetbol... Quien no haya organizado un campeonato nacional de básquetbol, no tiene idea de cuánto tiempo, trabajo y nervios hay que dedicarle”. Hasta aquí la cita.

En estas palabras encuentra usted nuestras aspiraciones y anhelos, son una forma franca, honesta y concisa de explicar lo que pretendemos para México en el aspecto deportivo, son otra forma de decir lo que busca el proyecto de nación que proponemos los antorchistas, el que hemos llamado Los Cuatro Ejes. Esta es la verdadera Antorcha, no lo que dicen de nosotros los enemigos de los trabajadores. ¡Rebote y canasta! 

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