Las concesiones: neoliberalismo imparable

Por Luis M López Alanis

Justo ayer, 24 de noviembre, se hizo el anuncio en Sonora de que se realizará un programa de infraestructura concesionada por 11 mil millones de pesos. Por ello cabe hacer este breve recordatorio. La concesión, es decir, la autorización oficial en beneficio de los capitalistas, expedida por los gobiernos para construir y explotar obras y servicios que tradicionalmente construían y administraban esos mismos gobiernos, es una medida esencialmente neoliberal que se disfraza de progreso, de paso necesario para lograr el bienestar social, encaminado a mejorar la vida de los ciudadanos. El beneficio, se nos dijo y prometió desde que se instrumentó como forma de trabajo gubernamental, incluiría una mejor administración, cobros justos y la eliminación de la corrupción, de los bienes y servicios de dominio público, lo cual nos beneficiaría, entre otras cosas, con el abaratamiento de los servicios prestados.

La realidad es que la concesión —en conjunto con la privatización— es la forma legal en curso en que los gobiernos entregan a los capitalistas la dirección económica abierta y completa de sus políticas, es una privatización disfrazada, la forma política moderna de dejar hacer y dejar pasar libremente al capital en áreas que sólo por algunas décadas fue necesario controlar y no permitir en ellas la generación de ganancia capitalista, al menos de forma descarada, o bien limitada lo suficiente para no atragantar al capital y capacitarlo para explotar mejor a sus trabajadores. Pero dicho control ya no es necesario: ahora gobiernan el desenfreno y el festín del embriagado "laissez faire, laissez passer", como nunca lo soñaron los viejos liberales. Nuestro país tomó la vía del neoliberalismo desde la presidencia de Miguel de la Madrid, más abiertamente con la de Salinas de Gortari y desde entonces no nos hemos salido de ella, ni con el gobierno de la 4T.

Así, en Sonora se concesionaron en los últimos 40 años, entre otros, el puerto de Guaymas, el aeropuerto de Hermosillo, las carreteras principales y las minas, cuerpos de agua, la producción de electricidad, transportes urbanos, recolección de basura en diversos municipios, alumbrado público en otros, pavimentaciones, servicios médicos diversos y un largo etcétera, es decir, gran parte de las obligaciones gubernamentales fundamentales se han concedido por contrato a empresas privadas para que cobren por ellas a los “beneficiarios” y sólo algunas, como para no terminar de matar la ilusión, a empresas sociales de origen comunitario indígena, cuya importancia económica es marginal.

Pero a pesar de todas las promesas neoliberales, las carencias en Sonora no se han solucionado, sigue en aumento la pobreza de nuestra gente —con toda su cauda de males—, los “beneficiarios” son más bien clientes, compradores a fuerzas de servicios que no pueden conseguir de otra manera, son ciudadanos oprimidos por un sistema bien diseñado de explotación legal que mercantiliza los avances del desarrollo haciendo de ello pingües ganancias. Las concesiones, hoy otorgadas por la 4T prácticamente sin concurso público, como es bien sabido, es decir, entregándolas a quienes los dueños del poder desean adjudicar sin darle cuentas a nadie, son un eslabón más de la cadena que nos oprime: es falso que sean la solución a los problemas de los pobres.

Ni la concesión ni la privatización, emprendidas desde el año 1982, han sido la solución para resolver el problema de la pobreza ni en México ni en Sonora y la 4T no ha frenado este proceso, al contrario, contribuyó en 4 años de AMLO con otros nueve millones de pobres. En 1982 teníamos unos 39 millones de pobres, hoy, según los demógrafos más entendidos, con AMLO ya rebasamos 100 millones de pobres. El neoliberalismo, ya sea tricolor, azul, amarillo o guinda ha demostrado que su objetivo es beneficiar a las clases poderosas, no los proletarios mexicanos. La corrupción es la teta de la mala leche sin la que no pueden existir los gobiernos neoliberales, por eso en realidad no quieren acabar con ella, aunque juren y perjuren.

Por estas razones inocultables y evidentes, miramos con recelo el anuncio hecho por nuestro gobierno de que se llevará a cabo ese programa de infraestructura concesionada por un monto de 11 mil millones de pesos en el que, de acuerdo a la nota publicada en medios sonorenses como proyectopuente.com del pasado 24 de noviembre, se contempla la construcción de libramientos en Navojoa, San Luis Río Colorado, Caborca, Ímuris–Aribabi, Sonoyta, Santa Ana, Nogales, así como las carreteras de Sonoyta a Puerto Peñasco y de Altar a Sásabe; obras de control de avenidas en Agua Prieta, Nogales y Guaymas; ejes emblemáticos, definidos con los alcaldes, por 539.53 millones de pesos en Agua Prieta, Caborca, Empalme, Guaymas, Hermosillo, Huatabampo, Nogales, y San Luis Río Colorado.

Todo eso a primera vista parece bien, pero no vemos anuncios en el mismo sentido y por montos cuando menos similares para aguas potables, pavimentaciones, drenajes, electrificaciones, reacondicionamiento de escuelas, de clínicas y centros de salud con médicos y medicinas en nuestras comunidades y colonias. Llevamos años literalmente pidiendo que se destinen recursos para obras y servicios indispensables en lo más profundo de la sociedad sonorense, allí donde vivimos los olvidados y los abandonados, pero no hay respuestas, sólo se nos regala una tarjetita con pocos cientos de pesos cada tres meses y se nos dice que de allí ahorremos algo para juntar los gigantescos recursos económicos que requiere el progreso de nuestras comunidades. ¡Imposible! Ahora vemos que para agilizar y eficientizar el tránsito de las mercancías por todos esos lugares mencionados se harán modernas carreteras, libramientos y viaductos de los que sus concesionarios cobrarán derechos de tránsito a precios de oro, pero para nuestra mercancía, la única que tenemos los trabajadores, la fuerza de trabajo que vive en nuestros músculos y mentes, para esa no se invierte nada en sus condiciones de vida. Ya va un año de este gobierno y tampoco vemos claro. Está imparable el neoliberalismo.

Y, la verdad sea dicha, nos pone a temblar el mensaje oficial que dice: “Con el crédito traigo el dinero, nos damos capacidad presupuestal y nos comprometemos a pagar. Austeridad, ahorros, combate a la corrupción y precios de veras, ajustados, sin entres, sin cuotas, sin mordidas, nada de por medio; de tal manera que eficientemos el uso de ese recurso”. Con todo respeto, pero ese mismo discurso, casi con las mismas palabras se nos ha repetido durante décadas: en 1982 Miguel de la Madrid ganó la presidencia de la república con la promesa de acabar con la corrupción y desde entonces nos han gobernado siete presidentes prometiendo lo mismo y hoy tenemos al presidente del “cash”, el más neoliberal, con su hermano y sus funcionarios recibiendo sobres amarillos llenos de dinero en efectivo, con un gobierno inundado de funcionarios salinistas vestidos con camiseta de Morena llenos de propiedades, hijo con casa de oscuro origen en Houston, con sobreprecios de escándalo en todas las obras emblemáticas de la 4T, gastando ilegalmente hoy, hoy mismo, sin pudor ninguno los recursos públicos por todo el país para llevar acarreados a la marcha del presidente AMLO este próximo domingo. La “austeridad” que nos han recetado siete presidentes de la república sólo ha significado que los pobres nos apretemos más el cinturón, mientras que los ricos engordan sus bolsillos a niveles de locura y a costa de nosotros. En obras para ellos, nos damos capacidad presupuestal; para los humildes, no. Vamos a ver si este gobierno de veras cambia.

Pero más más, lo que nos quita el sueño es eso de que “nos comprometemos a pagar”, porque ya sabemos que quienes terminamos pagando las deudas públicas y los platos rotos por el neoliberalismo siempre somos los obreros, jornaleros y campesinos más humildes, ¿o no es cierto?

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