Morena Sonora; ¿Salazar Razo ganando se pierde?

Por César del Pardo Escalante

Independientemente de interpretaciones de lo que es un partido, todas sus expresiones coinciden en que son agrupaciones de interés de grupos cuyas definiciones las imponen interpretaciones de la realidad, principios valores y proyectos históricos.

Para Max Weber los partidos pueden existir cuando han alcanzado ya un grado de organización o socialización de alta complejidad. “...formas de socialización que, descansando en un reclutamiento (realmente) libre, tiene como fin proporcionar poder a sus dirigentes dentro de una asociación y otorga por ese medio a sus miembros activos determinadas posibilidades ideales o materiales –la realización de bienes objetivos o el logro de ventajas personales o ambas cosas”. (1.-).

Para los marxistas el partido representa el más alto nivel de conciencia política y de clase; “Los comunistas, aunque luchando siempre por alcanzar los objetivos inmediatos y defender los intereses cotidianos de la clase obrera, representan a la par, dentro del movimiento actual, su porvenir. En Francia se alían al partido democrático-socialista contra la burguesía conservadora y radical, mas sin renunciar por esto a su derecho de crítica frente a los tópicos y las ilusiones procedentes de la tradición revolucionaria.” (2.-).

¿Entonces como podemos definir o en que concepto de partido entra Morena? Sin duda Morena fue un movimiento social-político cuyo objetivo era que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) llegara a la presidencia; y llegó; pero el proceso poselectoral empieza a definir los intereses del conglomerado; la vieja clase política vuelve a su punto de partida, los burgueses y conservadores definen interés y la socialdemocracia dentro de Morena presume sus vocación de izquierda (¿?) y para mantener la “unidad” el jefe máximo, previendo esta situación prohibieron las corrientes dentro de este guacamole llamado Morena; es como el bandido que se cubre el rostro pero a lo último tiene rostro; así que aunque lo nieguen hay una diversidad de corrientes y como tal actúan dentro, por eso el senador Bours afirma que la cancelación del aeropuerto de Texcoco es un error, o bien Wendy Briceño, diputada federal de Morena, se agandalla de las manifestaciones pro aborto y por otro lado la senadora Lilly Téllez reprueba ese “asesinato” llamado Derecho de aborto. O el colmo, el coordinador de los diputados de Morena, Mario Delgado que con Peña impulso la mal llamada reforma educativa y con AMLO la cancelo al ritmo del cántico Venceremos.

Entonces Morena no representa ni siquiera una corriente ideológica, ni tampoco tiene objetivos comunes; sin embargo, este movimiento se nutre de un hartazgo político y la esperanza está en la figura de AMLO, pero evidentemente no será suficiente, y las fisuras son una realidad cotidiana; el nepotismo, los incondicionales, la falta de rumbo y el pragmatismo es una amenaza latente dentro de este “partido”.

Estos vicios que fueron parte importante del hartazgo es el menú principal en la renovación de la dirigencia y en el caso de Sonora es más que elocuente; Jacobo Mendoza actual presidente de Morena es simplemente un trabajador de Alfonso Durazo y su carencia teórica, su poca capacidad de análisis político, es decir su inexperiencia política nos muestra a un “partido” sin capacidad de vida propia sino un simple coto de poder de un político de viejo cuyo priista.

La cargada por Adolfo Salazar Razo (tan limitado como Jacobo) si logra imponerlo; o de cualquiera y bajo esas circunstancias, sería un disparo directo al corazón de Morena; se consolidaría el pragmatismo y “el logro de ventajas personales” diría Weber; lo cierto que la ausencia de discusión política, de conceptos, de mística, es un cóctel perfecto para ver con claridad la crisis que se viene en este conglomerado.

Los encontronazos en Morena, en los municipios que gobierna, en la secretaria y las “subsecretarias”, en la mal lograda fracción parlamentaria de “Juntos haremos historia” y dentro de la misma fracción de Morena en el congreso del estado es un envidiable ejemplo de lo que debe ser un hospital psiquiátrico; es un pleito de locos de todos contra todos, donde lo único que los une son los puestos de elección y la chamba en las estructuras de gobierno o del partido; es decir un partido de nómina.

Lo menos que puede hacer Morena es hacer una elección pulcra de su dirigencia; como un gesto de veneración a quienes creyeron en ellos; cualquier encuesta que deje dudas y confirme cargadas sería el primer clavo al ataúd; vale más que lo crean.

Sería una ocurrencia pretender exigirle a Morena que se defina ideológicamente, que impulse un programa que le de identidad, que legalicen las fracciones dentro de Morena (3.-), pero no sería exagerado advertirle que las trifulcas con las que viven busque un elemento moral que les permita refundarse como opción electoral y una condición es la trasparecía de la elección de su nueva dirección; ojala hagan una buena lectura del hartazgo, no hacerlo es creer equivocadamente que a pesar del atraso en nivel de conciencia del pueblo es el mismo de 2018. Si imponen sus hábitos los ganadores serán los perdedores.

Aunque los que todavía soñamos con “quemar el palacio” no nos quita el sueño un partido burgués más; y bien deberíamos estar pensando como entrar en el escenario donde las alternativas institucionales van directo al abismo del fracaso. Ya debemos hacer el Juramento del Monte Sacro.

1.- El político y el científico.

2.- Manifiesto del Partido Comunista.

3.- https://www.ceipleontrotsky.org/III-Agrupamientos-y-fraccio…

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